DESPUES DE TI

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Una calle cae.

La ciudad es pequeña y transparente.

El olvido esta alli,

en el muelle de algun puerto del mundo,

donde la soledad es humeda y opaca.

Nada vale una lagrima o un canto.

El precio es la vida misma

y animarse,

por fin, a volar

o a contener un bostezo en las nubes.

Pudimos hablar de la muerte;

Pero alli estaba el rio,

con pretenciones de oceano,

para sobreponernos a las indecisiones.

Y yo te deje caer;

por ensima del barrio y de los sueños,

y de la espera

sentada en el humbral,

porque la esquina se cerraba

y entonces no podia verte.

Yo era infinita como el tiempo.

Estaba tensa,

con los labios desgarrados

y los senos desnudos,

para ser,

despues de ti

un ave que aletea y se derrumba.

Despues de ti, todo era posible:

volver a ambular los caminos del recuerdo,

perderse en calles de casas sin paredes;

subir,

ser un punto,

una luna con cinco orificios,

y caer,

luego,

definitivamente,

y llorarte,

y no saber mas que de ese llanto,

porque el resto era mundo

¡y tú no estabas !

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EL PULSO DE LAS HORAS

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¿Como empuñar el pulso de las horas?

Sobre el columpio del lenguaje

se balancea la vida.

Y se… teníamos

tantas formas de palabras

para expresar la idea,

… y una vereda rota.

Pero había algo mas para decir;

un sentimiento que se quedo sin colores,

cuando nos precipitamos en el descenso

para crearle una forma al amor.

Antes todo era distinto,

Había rondas infantiles

dibujando la alegría de la plaza.

Mantillas de encaje, flotando,

a la hora de la misa.

Un pájaro blanco.

Una alfombra de sollozos

cubriendo la escalera del pasado.

… Y ademas,

estábamos nosotros.

Después no olvidamos de los lugares viejos

y vinimos aquí,

a sentarnos

sobre las meditaciones.

Y ahora… como un circulo opaco

prendido del aliento,

detrás de la vitrina,

se quedan los recuerdos.

LA MUJER DE BRONCE

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Has golpeado a mi puerta esta mañana..

Tu querias conocerme. Querias penetrar

mis paredes desnudas.

Y viniste… ¡visitante del espacio!

Luz aventurera, te sonrrIo apenas,

la mujer de bronce que llevo en mi alma.

Yó no dije nada. Pero ella

salto, gozosa, por los ojos del cuerpo.

Y el bronce sonaba,

sonaba en mis brazos y en mi cara.

Y volví a andar los caminos del viento.

Desde mi altura imprevisible, la mujer adulterada,

fue a revivirme en mi y en mi nostalgia,

-pobre nostalgia de mi misma-

mi pasión marinera y mi vocación de pájaro.

Pero se,

grande es la distancia

que abisma nuestros sueños.

Entonces, quédate allí.

Fúndete en el ayer, sin después ni esperanzas.

Quédate allí… No entres, quédate,

en el borde mas sonoro de mi pálida ventana.

La noche se acaba. La mujer de bronce

-la mujer adulterada-

sacude sus sueños, bosteza,

y se marcha.

EL PAJARO ENREDADO

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Caer en un abismo

distorsionado y grave,

de pájaros mezquinos

sin vocación de ave.

Volver a ser el ritmo

desde tu propia clave;

que te asombre el mutismo

de paredes sin llave.

¡Pero no me llames! ¡No!

Entonces no me llames.

No habrá voz en tu grito,

solo estará el desgarre

de tus cuerdas vocales,

digeridas,

por el engranaje

de tu esófago auditivo;

por el adulterio

de tus vísceras resonantes,

de tus musicales

intestinos,

melódicos y ultrajantes.

Y por la asimilación

de tus miedos,

en grotescos sonidos

guturales.

LA CIUDAD SIN RUIDO

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Y vuelvo mi rostro a la ciudad sin ruido.

Aun cabe,

un lenguaje mudo de misterios,

un deambular por calles sin ocasos,

para caer

como figuras pesadas,

sobre la antigua nostalgia de un puerto.

Abro ritmo y voz para el vencido:

El enigma de volver sobre los pasos.

Apurar las sendas.

Beber de un trago el vino

y, por fin,

plagio de penumbras descompuestas,

desvestir al tiempo

Pero la luz es otra.

No es posible

apagar el vuelo de un genio en agonia.

Seria derrumbar la vida.

Seria nutrirnos de espejismos vanos.

Entonces caigo. Amigo:

aun es tiempo,

del volver a los principios del idioma,

con vervo y ritmo

clavados en la tierra.

Y es tiempo, amigo,

de volver a abrir las extensiones.

Aunque desde el filo de un tiempo enmudecido

nos duela la ciudad;

la húmeda estatura de sus puertas,

la impune violación de su lenguaje,

y el vaho de existencia

de un septiembre

desigual en cada calle.

YO CREO EN DIOS

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Ante el hondo desamparo frente al mundo,

yo creo en Dios.

Ante todos los males de la tierra,

yo creo en Dios-

Ante la muerte y su dolor profundo,

yo creo en Dios.

Ante la soledad y ante la perdida,

yo creo en Dios.

Ante el gesto adverso de la gente,

yo creo en Dios.

Ante tanta mirada indiferente.

yo creo en Dios.

Ante el acto trivial y presuntuoso,

yo creo en Dios.

Ante todo lo hostil, todo lo vano,

yo creo en Dios.

Por su hacer paciente de hortelano,

yo creo en Dios.

Por la paz a la que el convoca,

yo creo en Dios.

Por la pasión austera con que toca,

yo creo en Dios.

Porque existen el pájaro y el verso,

yo creo en Dios.

Porque existe la flor y el Universo,

yo creo en Dios.