CAÍDO EN TIERRA ARGENTINA

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¡Que nadie diga su nombre!
¡Que nadie llore su ausencia!
¡Que nadie haga preguntas!
¡Que cunda la indiferencia!
¡Que el viento norte se lleve,
las huellas de su existencia!!
¡Que nadie diga su nombre!
¡Que nadie llore su ausencia!

¡Dos alas, como centellas,
para llevar por el cielo,
el cantar de su epopeya,
en el pulso de su vuelo!

Creció, como crecen tantos,
entre cardos y entre espigas.
Por el vientre de la tierra,
del arroyo y de las viñas.
¡Fibra de surco y madera!
El alma, joven y erguida,
por médanos y arboledas.
-Duende danzando en las islas-
En su torso: la bandera.
¡Su torso! Ave partida.
Su torso que se despliega,
con un fusil por bastilla,
para amparar la ribera.

Murió, sin saber porque.
Murió, sin ver que moría.
Ni un grito partió sus labios,
cayo en la helada colina;
Su cuerpo quedo tendido,
sumergido en la bahía.

Multiplicando el paisaje,
estallo la geografía,
quebrando, con cien cristales,
su piel, morena y ardida.
Como una rosa, en el talle,
luciendo estaba, su herida.
Su sangre tiño la nieve
y el alba vio su agonía.
Mientras la luz se asomaba
y explotaba la colina
en un fragor encendido,
debajo de la nevisca.

¡Que nadie llore su ausencia!
¡Que el viento norte se lleve
las huellas de su existencia!

Se llamaba: Juan Mansilla.
Salteño de tez morena.
Riojano de piel altiva.
Chaqueño, como la selva.
Misionero en la semilla.
Sureño en la Cordillera.
… Y argentino en las Malvinas !!

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