ABANDONADA

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Si encontré el paraíso, agigantada,
por tus labios de menta y de rocío;
hoy desfila mi piel, abandonada,
por tu piel, a mediados del estío.

Eres, como un reír en desvarío!!
Como una profunda carcajada !!
Eres como el silencio y como el frío.
Eres lo que no fue-cuento de hadas-

Ni siquiera lo ausente o lo lejano.
Apenas el murmullo y el latido;
el sueño de una noche de verano.

Y el mismo engaño, siempre repetido.
Por eso esta tristeza con desgano;
mi amor se irá, los dos hemos perdido.

YO MUERO DE AMOR – SONETO

Yo muero de amor, sencillamente.
De tanto andar a ciegas y al oscuro.
Por esta soledad que me procuro,
y de tanto penar, constantemente.

Que es el camino una llaga ardiente
para mi corazón ansioso y puro;
y es el alma en pena, un frío muro,
donde el dolor se trepa febrilmente.

Yo muero de amor, desamparada;
y esta suerte que a muerte me condena,
al fin de mi agonía, será nada.

Y este helado vacío que me apena,
donde sucumbe mi alma desolada,
desatará,en silencio, su cadena.

ESTAS EN EMERGENCIA

karina mi nueraYo te conozco ,

conozco cada uno de los fantasmas,

que vagan, sigilosos, por tu casa.

Llegan, voluptuosos e impertérritos,

a embargarte de tristeza el alma.

Llegan, con su perfil anguloso:

como gestos taciturnos,

como susurros ahogados

como lamentos nocturnos,

y pasos apresuraos.

Entonces, tus signos vitales desconcentran

el pulso de la sangre

que corre por tus venas.

¡Es la soledad! tiempo de nunca irse ni quedarse,

de estar, redimidos en la espera,

como si pudiésemos vencer al dolor

y desterrarlo.

Y, a veces

el miedo es tan intenso y grave,

que todo tu ser se retrotrae

y se enrrosca, como espiral,

sobre su propia clave.

¡Vuelve a tí! Empantana

tus torpes discrepancias.

No te dejes invadir.

No te dejes quebrar como una rama,

ni te dejes romper como un cristal.

No te dejes apagar como una llama,

ni te dejes deshojar como un rosal.

Abre las puertas de tu razón.

Con las hilachas

de tu doliente corazón

construye tu trinchera

¡Estas en emergencia!

PRIMERAS IMAGENES

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Una mano que grita.
Un reloj que palpita.
Cinco sueños dispersos.
Mil sirenas sin puerto.
Hay un pájaro muerto.
Hay un patio desierto.
¡Una luz que se apaga!
Un silencio que estalla.
Cuatro pasos perdidos;
la niñez que se ha ido.
Un cometa en el cielo.
La nostalgia en tu pelo.

Unos ojos suspiran;
y otros ojos los miran.
Una esquina se aferra.
Una puerta se cierra.
Hay olor a tristeza:
y hay un pan en la mesa.
Diez minutos de vida.
Un sollozo, una herida.
Esta muerte no es mía.
Una pena vacía.
Un adiós. Una estrella.
Una página vieja.
Un sonido de queja,
un cometa se aleja….

DORMIR

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Dormir… ahogarse en las tinieblas.

Huir de  la tristeza de los otros.

Dormir… miseria altiva.

Mundo desigual que ampara al ciego.

Dormir es no vivir. Sueño

profundo de la muerte.

Ahondarse en las penumbras inconscientes.

Asesinar al tiempo.

Transeúnte

de la obligada senda de la vida;;

dormir es detenerse. Es no reconocerse.

Porque al dormir, se duerme la impaciencia,

se duerme la ambición, se duerme el miedo.

Borracho de sueño, las horas ya no alcanzan.

Se caen a un costado las voces que reclaman,

la agilidad despierta,

del joven, del rebelde,

del promotor de causas.

Dormir es olvidar. Dormir y abandonar.

Dormir es deshojar los pétalos de vida.

Dormir…dormir, mientras el mundo gira,

palpita, se levanta, se enreda,

se hace trizas…

y vuelve a revivir.

El sueño va estancando las aguas de conciencia

y el pensamiento atrofia en mórbidas penumbras.

Dormir es ir perdiendo el cuerpo y el espíritu

en somnolientas ondas.

MANCHITA

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Después de caminar con tacos trece y medio sobre mullidas alfombras y después de algunos avatares de la
vida, que es un camino arduo e impensado. Camino que te lleva a atravesar montañas y mesetas, lagunas y rios
increíbles, y andanzas que tu imaginación nunca pudo sospechar. Pero bueno, ahí estaba, inopinadamente.
Cargando cajones con plantas, formando un arpegio de colores en la vereda del amplio tinglado, haciéndome
cargo de macetas, y tierra, y plantas…
Era marzo o abril, de un año cualquiera. Nuestra gata, Mohoojo o Mosina había muerto atropellada por algún
vehículo, y yacía enterrada a los pies de una lagitroemia a la que, los maltratos de la gente convirtió en arbusto.
Arbusto verde y florecido, a pesar de los golpes del destino.
Yo la extrañaba mucho. Añoraba su tenue ronrroneo cuando se enroscaba en el mostrador, al abrigo de la pila
de diarios, muy cerca mio y comencé a buscar un reemplazo, por muchas razones, pero la principal era su
afectiva compañía.
Esa mañana, una componente de la sociedad  “protectores de animales” del barrio, se presentó en mi negocio argumentando la
existencia de dos gatitas, hermanas ellas, que habían hallado en un potrero, trepadas a un arbol, asustadas por
los perros. Una amiga solidaria, las albergó, a pesar de las cuatro que ya tenía adoptadas.
– Ya que usted quiere tener una gata, ¿ no querría quedarse con las dos ? –
Y allí vinieron… Negrita (toda negra, ni una mancha blanca… toda, toda negra) – Atrevida, comunicativa, osada y
muy independiente. Para ella todo estaba bien !!!
Y … Manchita… tímida, al principio… bastante miedosa. ¿Porque Manchita ?? Por sus colores. Su pelaje poseía
un fondo marrón chocolate con leche, salpicado de manchas que iban del cobre al dorado pasando por el
amarillo y el blanco.
Encaminados e impulsados por la señora “protectora de animales”, a la semana las llevamos a castrar.
Recuerdo que Estela (la tana) una clienta y amiga, nos prestó una jaula de esas para trasladar animalitos y
a la mañana temprano las llevamos, en la jaulita y en la moto (no teníamos otro medio de transporte) debajo de
una tenue llovizna.
Las castraron, las cuidamos, y viviámos felices con “Negrita” (la independiente” y “Manchita” la tímida y
miedosa, ya adaptada al vivero… y a nosotros.
Pasó un tiempo, no recuerdo cuanto, tal vez un par de años. Negrita era de terror…. no le temía a nada y su
libreta de amistades reunía a todo el barrio gatuno… y a algunos visitantes más.
De tan intrépida, un día apareció, también atropellada…. en realidad, era una calle con mucho tránsito !!! Si la
lloré ? ¡Como no ? Tres gatas y una perra enterramos en el jardín de nuestro negocio !!!
Quedó manchita, buscando a su hermana por unos días… después, creo yo, se olvidó.
Manchita ya se había transformado en alguien importante y el vivero era su hogar. Su lugar, Su casa. Su
habitáculo….
Poco tiempo después recogímos unos gatitos que abandonaron cerca … A Manchi, no le gustó.
Lo peor fue cuando lo de la gata fea y chillona que nos dejaron un domingo, pleno enero. Nosotros
vacacionando en la quinta de Carmen y ella a los gritos, porque tenía hambre.
La adoptamos y, culpa nuestra que no la castramos, al poco tiempo tuvo cinco cachorritos que, ¡maldito destino!
entró un perro y se los mató. No lo podíamos creer (ella tampoco).
Mientras estuvieron los gatitos, Manchita desapareció. Se la pasaba en el centro del lote, donde convergían los
fondos de las casas y donde se reunían los gatos del barrio. Silvia, una vecina, por supuesto ¡amante de los
gatos! al notar su autodestierro , agregó un plato con alimento en su patio.
Pasó un tiempo y la ¡pobre berta! volvió a tener cachorros.
Increíble !! lo que hacía esa gata con sus hijos, rememorando aquella matanza (y después dicen que los
animales no tienen memoria). Obsecionadamente, metía a sus cachorros dentro de los grandes
macetones de barro o de cemento, se daba cuenta que hasta allí no podría llegar ningún animal asesino, ya
que elegía los de boca angosta y cuello alto.
La inteligencia y la personalidad de los gatos es sorprendente..
Un tiempo después, Manchita, ofendida, se fue a vivir con un vecino, con el cual, evidentemente….disfrutaron
de un amor mutuo y consistente.
Al poco tiempo Berta desapareció y Manchita comenzó a hacer breves incursiones al vivero… especialmente
cuando yo estaba sola.
Era como que, conmigo, todo estaba bien…. mientras no trajera a nadie… todo estaba bien.
Venía y me hacía arrumacos. Venía, aparecía y se acercaba, incluso, ya, esté quien esté.
Regaba su potestad por todo el recinto, embebiendo el negocio de …¡olor a Manchita!
Hasta que, una tarde (y este fue el fina)… habíamos estado juntas todo el día. A la tarde llegó Ariel y nos
pusimmos a charlar detrás del mostrador. Ella, que estaba sobre la estantería del frente, se acercó, subió al
mostrados y, ante la mirada asombrada de Ariel y mía, me marcó como a su territorio. Me meó el hombro y su
pis resbaló por mi braso y cayó al suelo, llenando de furia a mi marido que, inmediatamente, la hechó.
Manchita…. o Aurora, como la llama el vecino, no volvió a mi negocio.
Poco después, por razones de salud, cerramos el vivero. Lo último que supimos de Manchita es que se pasa
los días durmiendo en el jardín del vecino, esperando que el vuelva del trabajo, para ronrronearle y entrar a la
casa.
A pesar de ser adictos a los gatos… el único que entra a la casa es… Manchita.

 

 

 

 

EL DOLOR DE LA TIERRA

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Se me fue de los labios.
Casi un beso callado o un sollozo sin ruido,
este afán en secreto,
este tierno divague,
que, en suspiro liviano
se expandió por el aire.

Es el mundo que hiere.
Como un hondo tormento, resbala y resbala,
por todos los poros que recuerda el cuerpo.
Y luego se trepa, de nuevo, hasta el techo,
donde voy guardando
diez mil telarañas:
las que, en la memoria, arrumban los sueños.
Pero no los míos, sino los de todos
… y entonces, lo entiendo:

Yo soy solo esto:
Me duelen las calles,
solo cuando, a veces, sin miedo las pienso.
Me duelen los árboles,
la noche, el sonido,
el auto ruidoso que tiene el vecino.

A veces,
solo, a veces, la tristeza vierte,
como deliberado río,
el caudal de lágrimas que abrigo.
Por todas esas cosas que no están
ni en mi frente ni en mi oído:
Las que se quedaron con las manos muertas
en tantos lugares vacíos de la tierra.
Las que fueron árboles, calles, vecinos,
las que fueron pasos guardando sus nidos.
Las que se jugaron por todo y por nada
el destino:
la sangre, el perdón, el camino,
las horas que pasan, los sueños perdidos,
la muerte, un hermano, un amigo,
la flor del rosario, la cruz de platino,
los hijos de otros, un libro
o un vaso de vino;
para ser, apenas, despojos sombríos,
como el llanto opaco de un viejo o de un niño.

Entonces me detengo y soy solo esto;
no grito, no tiemblo, no emito sonido.

A veces,
solo, a veces,
mientras deletreo las aceras grises
de un invierno frío,
casi un beso callado o un sollozo sin ruido,
el dolor de la tierra se me va de los labios
como un tenue suspiro.