ERAMOS

Eramos la punta de una espada.
Eramos el radiante sol altivo.
Eramos los olores fugitivos,
y el eterno fluir de la cascada.

Eramos el otoño sensitivo.
La flor, entre las flores, desmayada.
Eramos grito, canto y campanada.
Eramos lo remoto y lo furtivo,

de los trenes que parten, del olvido,
del desértico andén descolorido.
Eramos la tristeza del instante,

lo marginal, alegre e inconstante.
La fecunda riqueza del sonido.
Eramos la llama de lo vívido.

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