HACIA UNA UNION SIN TIEMPO Y SIN DISTANCIA

Cuando estemos lejos de todo derrotero
y creamos, firmemente,
en la innegable movilidad de lo terreno.
Cuando no se cieguen nuestros ojos,
inflamados de luz,
ante la constancia del sol y de la aurora.

Cuando no nos derribe el mediodía,
y sepamos consumir lo inconsumible;
y descubramos el tiempo y el lugar exactos
donde todo termina y comienza, de nuevo,
con el tacto; con el brillo,
del gusto y del olfato.

Cuando seamos más que simples mamíferos
-roedores de la tierra-
convencidos de que la tierra
no es solo un elemento.
Cuando podamos gritar, humildemente.
Estallar en llantos y en sonrisas;
y, humedeciendo las palabras
con el débil rocío que moja
las raíces del alma;
quebremos las paredes,
destruyamos los límites,
dejemos atrás lo gris, lo permanente,
y, cuerdamente, seamos mudables,
como las aves y como el estío.

Habremos alcanzado, en ese instante,
la total derivación del alma.
Y seremos las breves consecuencias,
de una unión sin tiempo y sin distancia.

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