MANCHITA

Imagen

Después de caminar con tacos trece y medio sobre mullidas alfombras y después de algunos avatares de la
vida, que es un camino arduo e impensado. Camino que te lleva a atravesar montañas y mesetas, lagunas y rios
increíbles, y andanzas que tu imaginación nunca pudo sospechar. Pero bueno, ahí estaba, inopinadamente.
Cargando cajones con plantas, formando un arpegio de colores en la vereda del amplio tinglado, haciéndome
cargo de macetas, y tierra, y plantas…
Era marzo o abril, de un año cualquiera. Nuestra gata, Mohoojo o Mosina había muerto atropellada por algún
vehículo, y yacía enterrada a los pies de una lagitroemia a la que, los maltratos de la gente convirtió en arbusto.
Arbusto verde y florecido, a pesar de los golpes del destino.
Yo la extrañaba mucho. Añoraba su tenue ronrroneo cuando se enroscaba en el mostrador, al abrigo de la pila
de diarios, muy cerca mio y comencé a buscar un reemplazo, por muchas razones, pero la principal era su
afectiva compañía.
Esa mañana, una componente de la sociedad  “protectores de animales” del barrio, se presentó en mi negocio argumentando la
existencia de dos gatitas, hermanas ellas, que habían hallado en un potrero, trepadas a un arbol, asustadas por
los perros. Una amiga solidaria, las albergó, a pesar de las cuatro que ya tenía adoptadas.
– Ya que usted quiere tener una gata, ¿ no querría quedarse con las dos ? –
Y allí vinieron… Negrita (toda negra, ni una mancha blanca… toda, toda negra) – Atrevida, comunicativa, osada y
muy independiente. Para ella todo estaba bien !!!
Y … Manchita… tímida, al principio… bastante miedosa. ¿Porque Manchita ?? Por sus colores. Su pelaje poseía
un fondo marrón chocolate con leche, salpicado de manchas que iban del cobre al dorado pasando por el
amarillo y el blanco.
Encaminados e impulsados por la señora “protectora de animales”, a la semana las llevamos a castrar.
Recuerdo que Estela (la tana) una clienta y amiga, nos prestó una jaula de esas para trasladar animalitos y
a la mañana temprano las llevamos, en la jaulita y en la moto (no teníamos otro medio de transporte) debajo de
una tenue llovizna.
Las castraron, las cuidamos, y viviámos felices con “Negrita” (la independiente” y “Manchita” la tímida y
miedosa, ya adaptada al vivero… y a nosotros.
Pasó un tiempo, no recuerdo cuanto, tal vez un par de años. Negrita era de terror…. no le temía a nada y su
libreta de amistades reunía a todo el barrio gatuno… y a algunos visitantes más.
De tan intrépida, un día apareció, también atropellada…. en realidad, era una calle con mucho tránsito !!! Si la
lloré ? ¡Como no ? Tres gatas y una perra enterramos en el jardín de nuestro negocio !!!
Quedó manchita, buscando a su hermana por unos días… después, creo yo, se olvidó.
Manchita ya se había transformado en alguien importante y el vivero era su hogar. Su lugar, Su casa. Su
habitáculo….
Poco tiempo después recogímos unos gatitos que abandonaron cerca … A Manchi, no le gustó.
Lo peor fue cuando lo de la gata fea y chillona que nos dejaron un domingo, pleno enero. Nosotros
vacacionando en la quinta de Carmen y ella a los gritos, porque tenía hambre.
La adoptamos y, culpa nuestra que no la castramos, al poco tiempo tuvo cinco cachorritos que, ¡maldito destino!
entró un perro y se los mató. No lo podíamos creer (ella tampoco).
Mientras estuvieron los gatitos, Manchita desapareció. Se la pasaba en el centro del lote, donde convergían los
fondos de las casas y donde se reunían los gatos del barrio. Silvia, una vecina, por supuesto ¡amante de los
gatos! al notar su autodestierro , agregó un plato con alimento en su patio.
Pasó un tiempo y la ¡pobre berta! volvió a tener cachorros.
Increíble !! lo que hacía esa gata con sus hijos, rememorando aquella matanza (y después dicen que los
animales no tienen memoria). Obsecionadamente, metía a sus cachorros dentro de los grandes
macetones de barro o de cemento, se daba cuenta que hasta allí no podría llegar ningún animal asesino, ya
que elegía los de boca angosta y cuello alto.
La inteligencia y la personalidad de los gatos es sorprendente..
Un tiempo después, Manchita, ofendida, se fue a vivir con un vecino, con el cual, evidentemente….disfrutaron
de un amor mutuo y consistente.
Al poco tiempo Berta desapareció y Manchita comenzó a hacer breves incursiones al vivero… especialmente
cuando yo estaba sola.
Era como que, conmigo, todo estaba bien…. mientras no trajera a nadie… todo estaba bien.
Venía y me hacía arrumacos. Venía, aparecía y se acercaba, incluso, ya, esté quien esté.
Regaba su potestad por todo el recinto, embebiendo el negocio de …¡olor a Manchita!
Hasta que, una tarde (y este fue el fina)… habíamos estado juntas todo el día. A la tarde llegó Ariel y nos
pusimmos a charlar detrás del mostrador. Ella, que estaba sobre la estantería del frente, se acercó, subió al
mostrados y, ante la mirada asombrada de Ariel y mía, me marcó como a su territorio. Me meó el hombro y su
pis resbaló por mi braso y cayó al suelo, llenando de furia a mi marido que, inmediatamente, la hechó.
Manchita…. o Aurora, como la llama el vecino, no volvió a mi negocio.
Poco después, por razones de salud, cerramos el vivero. Lo último que supimos de Manchita es que se pasa
los días durmiendo en el jardín del vecino, esperando que el vuelva del trabajo, para ronrronearle y entrar a la
casa.
A pesar de ser adictos a los gatos… el único que entra a la casa es… Manchita.

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s