DESDE LOS CUATRO METROS

Desde los cuatro metros que tengo de distancia,
donde la humana fiebre de vivir va a su fuente,
me quedan aún, para cruzar, cinco o seis puentes,
antes de darle el justo sonido a mi arrogancia.

Caigo. No hay nada de vil en la actitud inerte
del magro ser que queda, buscando la constancia.
Para alzar un surco de premisas sin instancias,
puede, el riesgo, en el alma, tener poco de fuerte.

No es severa ni absurda la ley del que se afianza,
en un yo mezquino. Es falsa egolatría.
Mas si, es ardua y dura, la senda del que ansía

no darse por vencido y sujeto a la esperanza,
aventa en su entusiasmo, su noble rebeldía.
Y será el que, en su suerte, hará la noche, día.

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