TARDE

tarde2

Tarde de invierno, triste e indefinida.
Tarde de soledad, estremecida
en el silencio azul de la vereda.
Tarde, en la calle cenicienta y queda.
Tarde, donde la oscura profecía
entreteje su lánguida poesía.
Tarde de paralelas confluencias;
de las esquinas, evocando ausencias.
De sombras, de inquietudes y de esperas;
de rústicas miradas pasajeras.

Todo lo inundas, tarde, y oscureces.
En la forma ancestral con que te meces
por tu impiadoso e híbrido desierto,
donde el costo inicial es no haber muerto.
Es continuar, danzando, a la deriva,
y asombrarse, no solo de estar viva,
sino de esta cordura delirante
que se enreda en mi zócavo pensante

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