TU MUERTE DE AIRE Y TIERRA

Yo estuve en tus silencios
recolectando la acústica del viento
y de las lágrimas.
Estuve en tu reclamo;
en cada una de tus palabras;
como un estallido por tu pelo vigoroso,
por tu piel sedentaria;
por tu blanco torso,
por tus manos de sol y de agua.
Y tambien estuve en los sitios
donde la sangre de la tierra te extrañaba,
y eras árbol caído
para trepar sin ramas.

Yo estuve en tus inviernos,
casi al fin de tu reino;
donde se encuadran los canteros,
donde las hortalizas se ciegan y se hunden
para ya no ser sol, sino raíces.
Estuve,
en el perfil vegetal de cada grito
como una represalia de jardines sin flores,
de noctámbulos sonidos pasajeros
renaciendo al lenguaje de los hombres,
como un duende,
entre el fragil cristal y el férreo acero.

Y también estuve en tu trasnoche,
un domingo sin prisa,
recordando algún poema
olvidado en mitad de una Avenida
como un Avemaría entrecortado.
Estuve en la piedad con que castigas
con tu serena mirada de caído,
de soldado sin guerra,
de vencido.

Y estuve en la cumbre de tus triunfos
ornandome con ritos de poeta
para cantar tu hazaña,
para nombrarte pájaro o cometa.

Mi estallido otoñal sin tu presencia
se parte sin sentido.
Porque ya no existe ni siquiera la espera.
Porque debo vivir para que vivas
aunque estuve en tu muerte de aire y tierra.

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