DESBORDADA DE URGENCIAS

Te esperaré creciendo
como un ala insurgente,
con esa irreverencia
de quien ama y presiente.
Te esperaré creciendo,
ilimitadamente,
desbordado de urgencias,
mi corazón latente.

Y vendrás a la esquina
donde mi piel te espera,
para ser una diosa
que tu abrazo ciñera.
Vencerán, tus manos,
mil lunas pasajeras
y mi vientre de espumas,
surcará tu ribera.

Te esperaré, en la urgencia
de mi piel de coral.
Te esperaré creciendo
y mi voz mineral,
será sosiego y trino
en su canto estival.
Te esperaré creciendo,
sentada en el umbral.

TRANSITO

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Si pudiera transitar por el tiempo;
desandar los momentos y las circunstancias
y encontrarte, de nuevo,
en la calle de los altercados y los tropiezos.

Si pudiera retornar al momento de la ofensa…

Entonces,
podría destejer los agravios
como simples madejas,
y convertir en un juego de hilachas,
tu ausencia y mi pena.

LA DIMENSIÓN DE MI DESIERTO

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La multitud está y me desconoce;
alrededor de mí, callada y ciega,
como el ala que al trino se le niega,
me aparta toda luz y todo roce.

Tallo de olvido, el rostro, en esa pose,
cuando florece el cántaro que riega,
envidioso de luz corre y lo anega;
-desvanece el encanto al dar las doce-

Fiera de amor, de pena amanecida,
en esta dimensión de mi desierto,
viene a caer el alma entristecida.

Y, en esta soledad, hoy me despierto,
con mi pasión de ayer restablecida
y la versión del sol que he descubierto.

TARDE

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Tarde de invierno, triste e indefinida.
Tarde de soledad, estremecida
en el silencio azul de la vereda.
Tarde, en la calle cenicienta y queda.
Tarde, donde la oscura profecía
entreteje su lánguida poesía.
Tarde de paralelas confluencias;
de las esquinas, evocando ausencias.
De sombras, de inquietudes y de esperas;
de rústicas miradas pasajeras.

Todo lo inundas, tarde, y oscureces.
En la forma ancestral con que te meces
por tu impiadoso e híbrido desierto,
donde el costo inicial es no haber muerto.
Es continuar, danzando, a la deriva,
y asombrarse, no solo de estar viva,
sino de esta cordura delirante
que se enreda en mi zócavo pensante

LA MUERTE YA, CASI NO IMPORTA

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Y, de pronto, en la gris y absorta
tarde de julio, incontenida,
vuelvo al silencio que me anida,
vuelvo a la espera que soporta;

la lluvia leve, que transporta,
en breve, palpitante herida,
resume, así, toda mi vida:
LA MUERTA, YA, CASI NO IMPORTA.

Pues ¿qué más tengo o qué tuviera?
¡Mi Dios! Sino esta sola, inerte,
sombra de calle que yo erijo.

Que va, que viene o que viniera,
cual claro juego de la suerte,
en pos de un río desprolijo

soledad de no estar sola

¿Para que hablar del búho que atrofia la cascada?
Yo soy, sencillamente,
una delgada araña desprendida.
Un sonido de rieles que me asfixia.
Yo soy la soledad de no estar sola,
de compartir con todos: los andenes repletos,
los sucios metales desparejos,
la fruta podrida de las ferias,
la mesa vacía, el prode,
la quiniela y la lotería.
Yo soy la calle entera. La única
Buenos Aires que, aún, no se resigna
mas que a caminar por las estrellas,
que es una forma, al menos,
de desdoblarse y ser poesía.

QUIERO DECIR…

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Quiero decir, suceden

tantas cosas en el mundo.

La vida,

es un camino árido y diverso.

El sol y la  Avenida

son una forma casual de contenerte.

Juguetes distraídos,

las horas se divierten,

elaborando payanas y rayuelas

con circunstancias, mitos y otras

abstracciones;

en la misma vereda

donde detiene, el hombre

su errante trajinar sobre la hoguera.

 

Quiero decir, existen

tantas formas crueles

de desánimos y esperas.

Tantas formas de quebrarse

y no ser nunca estrella;

que el egoísmo y la soberbia

son un modo de morirse, apenas.

Una manera absurda de falacia

que nada tiene que ver con la arrogancia,

y subestima, tantas buenas y malas intenciones.

 

¿Adonde lleva? sino a la inerte

soledad, que desmesura

al hombre,

e identifica su gris

enrriedo

de cola de serpiente .

 

Yo he abierto seis veces la puerta de mi casa.

Y seis veces se han ido, por ella,

esfuerzos y anhelanzas…

Y seis veces he vuelto a colocar

el corazón de las cosas fundamentales,

en el lugar de la esperanza.

 

¡Odio las mesas vacías y los objetos particulares!

¡Odio el albur de las pertenencias

no compartias con nadie !

Odio lo inservible. Odio el reptil

de los elementos materiales.

Odio las miserias humanas

mas que al pirataje.

 

Quiero decir, ¡Me voy!

de un modo rotundo y permanente.

No me interesan tus mentiras ancestrales.

Tu asombrada colección de baratijas,

me ensordece el aire.

Quiero decir… ¡Me llevo

conmigo mi andamiaje !

¡Me voy ! y al irme

no me invaden tristezas delirantes.

 

Pero tu, no estarás solo…

estará contigo: tu soledad, tus llaves,

tu hipocresía absorta y desafiante.

… la cima de todos tus ultrajes.

-Ojos desorbitados de amapolas,

volviéndose, a mirarte.

 

Quiero decir…¡Soy libre !

Mi piel se desmorona, pero mi alma

se yergue, infatigable.

¡Quiero decir, soy libre !

Poseo la paz de los desiertos

y la altura apacible de los muertos.

¡ Soy libre ! tan libre

como un ave en pleno vuelo.

 

Y, de tanta libertad,

mi yo se expande

y empuña las cadencias de su arte.

¡Quiero decir!… Yo vivo…

¡Yo puedo perdonarte!